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Actualidad

52 años de militarización

Testimonio: «Veo que aquella muerte no sirvió de nada porque hoy todo sigue igual»

Los vecinos soportan 50 días al año el fuego real, de día y de noche.

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52 AÑOS DE MILITARIZACIÓN DEL TELENO

Maragatos a prueba de bomba

Entrevista con Julia Cornejo

Lleva una vida quedándose enmudecida cuando quiere hablar de la pérdida de su hermano; su primer testimonio clama «una ley que defienda a la gente» 

Diario de León, Viernes, 2 de abril del 2004
Marco Romero, Sierra del teleno

Julia Cornejo, de 32 años, accede a conceder la entrevista a sabiendas del bajón que va a sufrir al recordar la trágica pérdida de su hermano Pedro, que pereció en 1985 al explosionarle un proyectil abandonado por los militares en los montes de Priaranza de la Valduerna. Pedro tenía entonces 14 años, ella 12. «Aún me culpo por no haber ido ese día con él a jugar, por lo menos...», se lamenta con un llanto que le es imposible contener. El año que viene se cumplirán dos décadas de un suceso que destrozó la vida de una familia muy humilde que jamás recibió el apoyo del Ejército. «Veo que aquella muerte no sirvió para nada porque hoy todo sigue igual», sentencia.

-¿Cómo se recompone una familia ante un suceso tan trágico?

-Mi familia está destrozada, nunca nos hemos recuperado de aquello. Es más, para nosotros es un tema tabú, 20 años después seguimos sin hablar de ello. Con el tiempo empiezas a ver las cosas de otra forma, pero jamás te olvidas de un hecho así.

-¿Se acuerda de ese día?

-Eso no se olvida. Yo siempre me iba con él por ahí. Nos prohibían que fuésemos al monte por temor a los proyectiles y que eso no se tocaba, pero cuando eres niño lo prohibido se hace más interesante. Había proyectiles por todos los sitios y nosotros, la verdad es que sin ser consciente del peligro que corres, los cogíamos como una travesura más. Ese día no sabemos muy bien si había movido el proyectil, si lo tenía en la mano o qué, pero lo cierto es que le estalló y le mató. [ La dureza de las imágenes que le vienen a la cabeza no hace sino provocarle un amargo y constante llanto que interrumpe en varias ocasiones la conversación ].

-¿Y sus padres?

-Quedaron destrozados. Mi hermano, que tenía seis años más que nosotros, estuvo y está fatal. Y yo, mírame, aunque soy feliz porque he rehecho mi vida casándome y teniendo dos niñas, lo llevo muy mal. Él para mí era un Dios.

-¿Cree que aquella muerte ha servido para algo?

-Que yo sepa no se han tomado medidas de seguridad de ningún tipo. No se me quita de la cabeza que es muy necesario que exista una ley de prevención, que a los niños se les informe en el colegio, que se saque a todo un pueblo a la calle y que se diga lo que verdaderamente puede pasar, que esos proyectiles te pueden matar. Es necesaria una ley que defienda a la gente.

-¿Quién es para usted el culpable de la muerte de su hermano?

-Nadie tiene que sentirse culpable, pero fue una desgracia familiar que tuvimos y tenemos que pasar nosotros solos, sin contar con ningún apoyo psicológico. Nadie se hizo responsable y nosotros, no sé si por ignorancia o desconocimiento, no tuvimos medios para salir de aquello. Nos fuimos hundiendo todos más y más. Si mi padre estaba mal, se quedó peor. Mi madre no lo ha superado ni siquiera un poco, y así todos. Somos una familia destrozada. Si aquello pasa ahora hubiera sido una bomba, pero entonces se quedó en un simple accidente. Ahora ya no, pero desde la muerte de mi hermano yo he visto toda la vida a los militares como si fuesen el mismo demonio.